Segun 

Lluís Mascaró

Han pasado unas horas del merecido Balón de Oro que conquistó Cristiano Ronaldo. Y he tenido tiempo para hacer tres reflexiones. La primera, sin duda, es que el crack portugués merecía el galardón en una temporada espectacular a nivel individual y colectivo. Sus cifras goleadoras y sus títulos con el Madrid (Copa y Champions) le hacen justo acreedor del premio por delante de Messi. Aún así, Messi sigue ganando 4-3 a Cristiano en el histórico.

La segunda reflexión es que el Balón de Oro ya es solo un premio mediático. Mientras Messi y Cristiano sigan siendo el número 1 y número 2 del mundo, ellos serán los ganadores. Difícilmente habrá cabida para otros futbolistas. Si no lo ganaron Xavi o Iniesta en el 2010, después de conquistar el Mundial, o ahora Neuer, el galardón parece destinado a repartirse entre estos dos 'monstruos' hasta que otro futbolista (¿Neymar?) alcance su nivel.

Y la tercera reflexión es la vergüenza ajena que provocó el grito de Cristiano. Entiendo que el crack portugués esté entusiasmado, feliz, eufórico, embriagado... por conquistar su tercer Balón de Oro y estar a solo uno de Messi (su gran obesión es alcanzarlo y superarlo). Pero el grito huracanado que hizo (dice Risto Mejide que parecía un homenaje a Chewbacca, el personaje de 'La guerra de las galaxias') resultó patético. Ridículo. Penoso.