La celebración de fin de año se la realiza en todas las ciudades del Ecuador, principalmente con la tradición de quemar el año viejo o monigote, hecho que representa dejar atrás las experiencias negativas del año pasado, y dar la bienvenida a uno nuevo, con la esperanza de que sea mejor que el anterior.

La quema del año viejo tiene antecedentes muy antiguos y se da en muchos lugares del mundo, se daba ya en las culturas babilónica, griega y romana.

Roma, rendía culto a Prometeo con la costumbre de realizar figuras de hombres, aves y animales que eran incineradas por representar los vicios humanos. 

Esta tradición pasó a los pueblos sometidos por Roma, incluyendo España país por el que fuimos conquistados. 

Los primeros datos sobre la existencia de los años viejos en nuestro país son de 1895, cuando una epidemia de fiebre amarilla azotó a los guayaquileños. 

Como medida sanitaria confeccionaron atados de paja y ramas con los vestidos de los familiares muertos, para quemarlos en la calle el último día del año y ahuyentar así la peste y la desesperanza. Es la representación de lo viejo y el inicio de lo nuevo, de dejar el pasado y de proyectar el futuro. 

Esto a través de muñecos, conocidos como años viejos o monigotes hechos con aserrín. 

Cada año se lo llora, las viudas y herederos acompañan al viejo hasta el último minuto, cuando fallece, su notario da lectura al testamento para repartir toda la herencia acumulada durante el año, mediante el cual deja bienes, cualidades, defectos y penas, dando así a conocer lo ocurrido en el testamento, que no es otra cosa que una evaluación crítica de lo vivido con mucho humor.

Los temas, generalmente políticos, de corrupción, deportivos o sociales, farándula, se explican con leyendas. 

El Año Viejo es un monigote que representa el año que termina, elaborado con ropa vieja, cartón o papel, relleno de paja o aserrín y con frecuencia con artefactos pirotécnicos, para ser quemado a la media noche del 31 de diciembre.

La Viuda es un hombre vestido con ropa de mujer, que solicita ayuda económica para quemar al viejo.

Su incineración a la media noche del 31 de diciembre es un ritual de purificación para alejar la mala suerte y de transición pues también se celebra la llegada del nuevo año. Y se comen  12 uvas , que representan los meses del año.