Villavicencio es una ciudad colombiana, capital del departamento del Meta y es el centro comercial más importante de los Llanos Orientales.2 Está ubicada en el Piedemonte de la Cordillera Oriental, al Noroccidente del departamento del Meta, en la margen izquierda del río Guatiquía. Fundada el 6 de abril de 1840, cuenta con una población urbana aproximada de 361.058 habitantes en 2014.1 Presenta un clima cálido y muy húmedo, con temperaturas medias de 28° C.

Por pertenecer a la región de la orinoquía de mayor perspectiva para el desarrollo agroindustrial y minero del país, Villavicencio se perfila como una mega ciudad que será un indispensable polo de desarrollo económico a nivel nacional.

Como capital departamental, alberga las sedes de la Gobernación del departamento del Meta, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Villavicencio (EAAV), la Electrificadora Del Meta (EMSA), la sucursal del Banco de la República de Colombia y la Cámara De Comercio De Villavicencio (CCV). La ciudad se encuentra a 86 kilómetros al sur de la capital de ColombiaBogotá, a dos horas y media por la Autopista al Llano. De momento la consolidación de Villavicencio como Área Metropolitanaestá descartada, de ser posible la integraría los municipios de AcacíasCumaral y Restrepo.

Historia

Aspecto de Villavicencio hacia la década de 1860.

Orígenes y época colonial

La historia de Villavicencio se remonta a la época precolombina, en el siglo XVI, cuando el actual territorio villavicense se encontraba ocupado por los indígenas guayupes. Distribuidos en diferentes asentamientos, los guayupes fueron agricultores, pescadores y comerciantes. Productos como el yopo (alucinógeno), plumas, cueros de felino, coca, miel, cera, totumos, madera, pescado, maíz y algodón, así como humanos destinados al sacrificio, fueron objeto de intercambio entre la misma comunidad y entre ésta y los muiscas, en los asentamientos cerca de la cordillera, como el de Guayabetal. El primer español que pisó el lugar donde hoy se ubica Villavicencio fue Pedro de Limpias entre 1536 y 1537, como avanzado de Nicolás de Federmán. Les siguieron Hernán Pérez de Quesada y otros. Luego, hacia 1740 los jesuitas fundaron la Hacienda Apiay en la cual evangelizaron comunidades indígenas tanto guayupes como de las tribus vecinas hasta 1790 cuando por motivos de la expulsión de la Compañía de Jesús los terrenos de Apiay fueron adjudicados a Basilio Romero por la Corona Española.

El 6 de abril de 1797 los hermanos Jacinta y Vicente Rey compraron la hacienda Apiay a Antonio Romero por una suma de 50 000 pesos y la heredaron sus hijos quienes vendieron sus derechos de propiedad, dando así, origen a los comuneros de Apiay.

Época republicana

Por su situación geográfica se convirtió en trayecto obligado de comerciantes y ganaderos que se desplazaban desde Quetame y Fosca (actuales municipios del Departamento de Cundinamarca) atraídos por la fertilidad y ubicación de las tierras. Éstos colonos se establecieron desde 1836 y el 6 de abril de 1840 hicieron la fundación de facto de un caserío sobre la margen derecha del caño Gramalote que le dio nombre a la población. La fundación fue efectuada por los comerciantes Esteban AguirreSantos Reina y su familia. Los documentos más antiguos conservados que reconocen oficialmente la fundación de la ciudad datan de 1842. Sin embargo la exactitud de esta información no deja de ser especulativa pues los archivos en que estaban registrados los documentos sobre la verdadera fecha de fundación de la ciudad fueron destruidos durante el incendio de 1890. El científico Mariano Eduardo de Rivero y Ustariz en Colección de memorias científicas, agrícolas e industriales publicadas en distintas épocas, etc (Bruselas, 1857), menciona un lugar denominado “gramalote” que data de 21 de enero de 1824, anterior a la fecha oficial de fundación de la ciudad, hecho que no ha sido reconocido de manera oficial por los historiadores y del cual se desconoce si hace referencia al primer nombre con que fue reconocida la ciudad. En 1845 se construye la Iglesia Catedral de Nuestra Señora del Carmen.

El 21 de octubre de 1850 el caserío pasa a llamarse Villavicencio en moción aprobada por la Cámara provincial de Bogotá en honor de Antonio Villavicencio y Verástegui, prócer de la Independencia de Colombia fusilado durante la reconquista por orden de Pablo Morillo. En 1860 se le atribuye la categoría de Aldea.

En 1890 se produce un incendio que arrasa con la población y destruye archivos con información valiosa para la entonces aldea y es trasladada a su actual ubicación. Antes del incendio el casco urbano quedaba en el actual barrio Barzal.